Marafuera no hay nada, confirmó el delfín a las anémonas. Marafuera no existe, ni lo mienten, regañó a ambos la fisalia. Marafuera no se ve dijo una fracción de atún desde su lata. Marafuera, la tierra dormía sola.
Hoy he querido ser un poco más conciso, contar en dos palabras que es para mi el amor o qué la muerte. Y ya, llegado el caso, si son hechos distintos o bien el mismo en diferente tiempo. Pero si soy escueto y renuncio al uso de palabras superfluas, si soy preciso y me limito a contar en una línea lo que puedo arrastrar por media página con un tiro de plata en ambas piernas, entonces me pregunto y no es retórica: “ Qué tengo yo que mi amistad procuras”, qué ven tus ojos ebrios en el trance, sino mi retirada ante el avance de las horas más lóbregas y oscuras.
Paco Montesinos
( Póngase fin aquí a tan gran desvarío, quise ser berbiquí más nunca río ).
"¿ Dos tintos de verano con limón ?", preguntó sin esperar respuesta la chica que atendía las mesas del exterior. Minutos después el cocktail patrio recorría su trayecto habitual. Franqueaba los labios,hacía una breve parada en la lengua con volteo en el paladar dejando la huella gustativa de su paso para precipitarse acto seguido por la garganta camino de un estómago vacío. Miré a través del vaso las deformadas señas de identidad de la playa. Su aparente infinitud se reducía a una breve y desdibujada linea convexa.¿ Cuál de las dos visiones era la verdadera ?. Dejé de pensar en ello cuando la chica trajo la fritura de boquerones que habíamos encargado. Probablemente las tres, las visiones y la fritura, eran ciertas.
Hubo un tiempo en que escribir, bien o mal, era más fácil. Hubo un tiempo en que leer, bueno o malo, era más fácil. Hubo un tiempo que no es este. Hubo un tiempo.